Analizando los hechos
Empecemos con la definición y la declaración de intenciones que aparece en la página de los del de Ahumada. Dice así:
"La Guardia Civil española es un Instituto Armado de naturaleza militar que forma parte de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Como Cuerpo de Seguridad del Estado, la Constitución le fija la misión primordial de proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades de los españoles y garantizar la seguridad ciudadana, todo ello bajo la dependencia del Gobierno de la Nación."
Comento lo que me llama la atención:
¿Cómo se puede ser civil y militar a la vez? Es igual que si me defino como "un moreno rubio alto y algo bajito". Si estamos ante una entidad de naturaleza militar, de seguro que no se trata de la Asociación de Defensa del Consumidor, de Alcohólicos Anónimos o de la Federación de Pesca de Soria, todas ellas respetabilísimas entidades civiles, estas sí. No dudo de que el autor de la definición sea competente en términos de CI, sino que se ha hecho la picha un lío (perdón por el empleo de este graciosísimo dicho andaluz) y ha confundido la velocidad con el tocino (como le ocurrió hace poco a gran parte de la población de Este País al pensar que matrimonio homosexual quería decir que les iban a sodomizar a todos. ¡Qué más quisieran!).
De hecho, en esa definición un poco como de adicto a la batycao podemos encontrar todos los términos que necesitamos para definir y dotar de un nombre apropiado a este cuerpo. Veamos:
"La Guardia Armada Militar forma parte de las Fuerzas del Estado. La Constitución le fija la misión primordial de proteger el libre ejercicio de los derechos comerciales y libertades mercantiles de los que se autodenominan españoles y garantizar su seguridad, todo ello bajo la dependencia del Gobierno Central de la Nación."
Vemos que de esta manera evitamos la incómoda contradicción en que se incurría en la definición inicial, al tiempo que se capta mejor el espíritu y naturaleza que se fundara a mediados del XIX con una misión concreta: la lucha contra Luis Candelas. Supongo que en su momento sería una situación preocupante la de aquellos empresarios avant la lettre que tenían que transportar su bolsa de oro de Sigüenza a Calatayud, por los peligros que había en los caminos y eso. Ahora yo creo que pocos caminos quedan, y en todo caso pocos ricachos viajan hoy por carreteras secundarias.
Entiendo que hasta ahora todo el razonamiento parece llevar a una petición para abolir la Guardia Armada Militar (a.k.a. Guardia Civil, a.k.a. Instituto Armado), pero no voy a ser tan radikalote. Bastaría con convertirlos en un grupo de elite de ayuda en carretera, vestidos un poco así al estilo de aquél australiano que ha hecho las delicias de heteros y gays. Sería bueno, todos iríamos mucho más tranquilos y confiados por la N-III. No como ahora, cuando al pasar por ese pueblo de infausto nombre y bello roquedo adláter, uno pisa inadvertidamente el pedal para evitar el encuentro con ese extremeño desplazado, de aceitoso mostacho y aliento anisado que lo mismo te da una toba que una descarga con la porra eléctrica.
Y es que hay que entender la mala prensa a la luz de la intrahistoria carpeto-vetónica y de otros pueblos peninsulares. Desde el simpático botijo con figura de cabo bigotudo y empalmado que vendían no hace mucho en los puestecillos de algunos pueblos costeros al asesinato de García Lorca; desde el picante personajillo mediático casado con la hija de una tonadillera lesbo-vergonzante a aquel director calvo y cachondón que apareció en Interviú follándose un flotador; desde el brillante tricornio de charol, hoy casi desterrado, a la ortopédica gorra actual, un poco imitación del képis, hay toda una imaginería popular que juega en contra de este cuerpo vestido de verde oliva. ¿Quién no ha visto Curro Jiménez de txabal/a? El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.
Y así tendríamos toda una galería de famosos:

El clásico.

Ayudando a imponer la dinastía gabacha.

Intentando reinstaurar lo del gallego.

Retrato del de arriba.

Aquel de Intxaurrondo.

Aquel que se las piró.

El de los 7.
Pero sería demasiado injusto quedarnos sólo con estos elementos. Por la península circulan otros, ya sin capote ni tricornio, otros más de ahora.

